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Notas Descriptivas |
La enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana es una enfermedad parasitaria causada por el protozoo Trypanosoma cruzi. Considerada dentro del grupo de las enfermedades desatendidas (o enfermedades de la pobreza), Chagas es endémica en 21 países de la Región de las Américas, siendo transmitida por insectos vectores de esta infección, hemípteros de la subfamilia Triatominae, capaces de colonizar viviendas rurales, suburbanas o urbanas insalubres. Aunque con menor frecuencia, pero con impacto negativo en la salud pública de los países y poblaciones afectadas, esta infección se puede trasmitir también por transfusiones, verticalmente de madre a hijo a través de la placenta y por alimentos contaminados ingeridos.
Esta es la enfermedad tropical transmisible de mayor prevalencia en América Latina; con una carga de enfermedad, que en 1990 era cinco veces mayor que la carga del paludismo y mayor que la generada en las Américas por todas las otras enfermedades tropicales tomadas en conjunto. Aunque dicha carga producida por la enfermedad de Chagas disminuyó significativamente entre 1990 y el 2001, en este último año todavía era mayor que la producida individualmente por la malaria, la leishmaniasis, la lepra y la esquistosomiasis.
Con una incidencia anual de 41.000 casos en la Región de las Américas, se estima que la enfermedad de Chagas afecta aproximadamente a 8 millones de personas y provoca en promedio, cerca de 12.000 muertes anuales (dato de 2008). Esta mortalidad ha descendido de 45.000 casos anuales en la década de 1980 y 23.000 en la de 1990, a las cifras actuales. Sin embargo, como secuelas irreversibles del cuadro infeccioso, ocurren cardiopatías o mega-formaciones digestivas. Se calcula que alrededor de 100 millones de personas en las Américas viven en áreas de exposición y están en riesgo de contraer esta enfermedad.
Propia de países en desarrollo, la enfermedad de Chagas está asociada con múltiples factores determinantes sociales y ambientales que exponen a millones de personas a la infección. Entre los principales factores determinantes presentes en vastas áreas de América Latina, se destacan: habitar en viviendas mal estructuradas y sin calidad —principalmente en zonas rurales y suburbanas— carecer de recursos, residir en áreas de pobreza, con inestabilidad social y económica, y muchas veces con altas tasas de migración, así como pertenecer a grupos vinculados con el trabajo agrícola estacional en zafras y cosechas. Esta enfermedad nutre y contribuye a perpetuar el ciclo de pobreza, al reducir la capacidad de aprendizaje, la productividad y la posibilidad de generar ingresos.
Desde principios de la década de los 1990, los países afectados por la enfermedad de Chagas, principalmente aquellos donde la enfermedad es endémica, se organizaron para dar una respuesta de salud pública. Junto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se generó un exitoso esquema de cooperación técnica horizontal entre países, mediante las Iniciativas Subregionales de Prevención y Control de la Enfermedad de Chagas. Estas iniciativas se han desarrollado en el Cono Sur1 (1992), América Central2 (1997), países andinos3 (1998), países amazónicos4 (2003) y México (2004). Las mismas han contribuido a mejoras sustanciales de la situación mediante: la interrupción de la transmisión vectorial en todo o parte del territorio de los países afectados, la eliminación de especies alóctonas de vectores, la implantación del tamizaje universal de donantes de sangre, la detección de casos congénitos, la reducción de la prevalencia en niños, la disminución de la morbimortalidad, la ampliación de la cobertura para el diagnóstico y acceso al tratamiento, la mejoría de la calidad del diagnóstico, de la atención clínica y del tratamiento de las personas infectadas y enfermas.
La estrategia de prevención y control de la enfermedad de Chagas debe ser eficaz y capaz de reducir la morbilidad, la mortalidad y el sufrimiento humano; así también debe ser eficiente y capaz de ahorrar recursos a los países mediante la reducción de los costos directos e indirectos relacionados con esta enfermedad. El Programa Nacional del Brasil, por ejemplo, evitó 277.000 nuevas infecciones y 85.000 muertes entre 1985 y 1995, y además permitió ahorrar US$ 7,16 por cada dólar estadounidense gastado.
Las iniciativas de las Américas han permitido alcanzar reducciones importantes del número de casos agudos y de la presencia intradomiciliaria de vectores triatominos, en todas las zonas endémicas. El número estimado de personas infectadas en el mundo pasó de 30 millones en 1990 a 8 millones en el 2006. En esos 16 años, la incidencia anual decreció de 700.000 a 56.000 y la carga de la enfermedad de Chagas disminuyó de 2,8 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad a menos de medio millón de años.
Si bien se han logrado avances sustanciales, no todos los países han conseguido alcanzar las metas propuestas y se presentan nuevos desafíos principalmente la propagación de la enfermedad, debido a movimientos migratorios de personas que viven en países endémicos a países no endémicos, así como también, la necesidad de lograr la sostenibilidad de los programas, el enfrentamiento de situaciones de emergencia y reemergencia o desastres naturales, la necesidad de ampliar la cobertura de diagnóstico y tratamiento adecuados y la accesibilidad universal al tratamiento etiológico de la misma.
Distribución geográfica de la Enfermedad de Chagas en las Américas de acuerdo a la situación de la transmisión por el vector principal de cada área. Año 2011.


References:
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Regional Office for the Americas of the World Health Organization |