| Abril 17, 2012 |
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EL
COMERCIO
Al vaivén de la
alegría y el dolor en la maternidad
En la Maternidad Isidro Ayora nacen, en promedio, 30
niños al día. Hay madres que viven allí durante meses, porque sus bebés están
en termocunas.
Desde hace tres meses, los fríos pasillos y salas de la Maternidad Isidro Ayora
son la casa de Tania García. Ella, de 40 años, dio a luz a su quinto hijo,
Juanito, en enero.
El parto fue prematuro, a las 29 semanas, por problemas
de preeclampsia (presión arterial alta). Desde que nació, Juanito está en una
termocuna, en la Unidad de Cuidados Intensivos. Su madre aún no recibe el alta.
“Si el niño no sale, la mamá tampoco”, explica la enfermera, Yolanda Escobar.
García lo visita cada tres horas, desde las 06:00 hasta
la medianoche. En las dos últimas semanas, el niño, ya toma el seno. “A veces
lloro porque no veo a mis otros hijos, es la primera vez que nos separamos por
tanto tiempo”. Su esposo está cargo de sus hijos de 12, 13, 14 y 19 años.
En la casona antigua de tejas y ventanales con marcos de
madera, ubicada en la av. Gran Colombia y Sodiro, nace un promedio de 30 niños
al día. En sus tres plantas, la maternidad acoge a madres de diferentes
provincias del país.
En el segundo piso, la mamá más conocida es Lucy Quizhpe,
de 38 años, oriunda de Ambato. El pasado 4 de abril dio a luz a cuatro niños.
Fue su primer parto. Junto con su esposo, Kléber Maisanche, intentaron tener un
hijo durante 12 años. Pero tras un tratamiento de inseminación artificial quedó
embarazada. A los dos meses se enteró que tendría cuatrillizos. “Fue una
emoción grande, buscábamos uno y Dios nos bendijo con cuatro”.
Los pacientes
con hemofilia, sin tratamientos completos
Los pacientes hemofílicos reclaman que el Ministerio de
Salud no cumple con la entrega completa de los factores de coagulación que
necesitan para evitar sangrados.
La Fundación Hemofílica Ecuatoriana (Fundhec) ve esta
situación como un retroceso de los avances logrados, en 2008, cuando la
hemofilia entró en el listado de las enfermedades catastróficas y recibió un
presupuesto estatal de USD 3 millones para la compra de los factores.
La medida beneficiaba a 800 pacientes registrados en la
Fundhec. La mayoría necesitaba el factor de coagulación VIII y un 17%, el
factor de coagulación IX. Según los usuarios de estos medicamentos no hubo
desabastecimiento en los primeros años, pero desde el año pasado empezaron a
haber restricciones.
Los factores de coagulación sintéticos dan mejor calidad
de vida a los beneficiarios, porque no generan las alergias y se elimina por
completo el riesgo de trasmisión de enfermedades, que había con el tratamiento
anterior que consistía en la trasfusión de plasmas.
“Antes dependíamos de la Cruz Roja, que nos daba los
plasmas (estos contienen todos los factores de coagulación) para resolver
nuestros problemas de sangrado”, explica Abdón Calero, presidente de Fundhec.
EL UNIVERSO
En hospital del IESS
se distribuyó medicina no apta para el consumo
La warfarina
se recetó a pacientes cardíacos pese a un análisis del Instituto Izquieta Pérez
que prohibía su distribución.
La compra de
1’988.471 comprimidos de warfarina sódica de 5 mg (medicamento para los
pacientes cardiacos) por 377.809,49 dólares para el hospital del Instituto
Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), Teodoro Maldonado Carbo, y que –según
el Instituto Nacional de Higiene Leopoldo Izquieta Pérez– no eran aptos para el
consumo humano, es investigado por el Consejo de Participación Ciudadana (CPC)
sobre la base de un informe de la veeduría ciudadana entregado en octubre del
año pasado.
Dicho informe se realizó entre el 2008 y el 2010 y determinó irregularidades en
las contrataciones por parte de las principales autoridades del Seguro.
El contrato Nº 64000000-2212-C para la compra de este medicamento se efectuó el
25 de junio del 2010 entre el director general del IESS, Fernando Guijarro
Cabezas, y Marco Serrano Mejía, representante de la empresa Representaciones
Whitehouse Cia. Ltda.
Pero el 18 de julio del mismo año, el Instituto Nacional de Higiene envió al
IESS un informe sobre el análisis químico de la warfarina, en el que indicaba
que el producto no cumplía el control de calidad, no tenía registro sanitario,
por lo que no era apto para el consumo humano. Y prohibió su distribución.