| Abril 16, 2012 |
|
|
El
tejido mamario puede crecer fuera de lugar y formar mamas accesorias
La presencia de tejido mamario ectópico o fuera de lugar
es frecuente entre las mujeres. Este crecimiento inusual se conoce como mama
accesoria o aberrante y se hace más visible durante la lactancia, porque se
llena de leche y aumenta de tamaño. La literatura médica dice que este desorden
congénito aparece en el 1 ó 2% de la población femenina y también reporta una
mínima incidencia en hombres con antecedentes de ginecomastia (presencia de
glándula mamaria).
Generalmente crece debajo de las axilas, pero puede
aparecer a lo largo de toda la línea mamaria que va de la ingle a la axila. El
mastólogo Germán Cisneros del Hospital Eugenio Espejo de Quito, dice que esto
es un “recuerdo genético de cuando éramos mamíferos inferiores”. Para
explicarse mejor añade que es como “los animales domésticos que tienen varios
pares de mamas”.
Una joven madre de 32 años, quien pide ocultar su
identidad, se sometió hace poco a una cirugía para extirpar el tejido mamario
que le creció debajo de la axila después de su último parto. “Mi segundo hijo
tuvo una cirugía y no le pude dar de lactar durante un tiempo, fue entonces
cuando el bulto debajo de mi axila empezó a crecer y alcanzó el tamaño de una
naranja pequeña”, cuenta.
Fundación
que estuvo 35 años en el Baca Ortiz fue expulsada
La Fundación Compartamos con los Niños del Ecuador fue
vetada en el Hospital Baca Ortiz a inicios de abril. Esta entidad, impulsada
por 20 damas voluntarias, se encargaba de repartir desayunos en el hospital y
organizaba talleres ocupacionales para las madres de los niños .
Hilce Noroña, presidenta de la fundación, explica que de
momento están atendiendo a las madres en una oficina que les ha prestado el
Municipio de Quito en el barrio de La Mariscal.
Fanny Galán y María Villacrés, que llevaban a su nieta e
hija con dispacidad a las terapias, comentaron que han aprendido un oficio con
la fundación y que ahora esto les da una entrada de dinero.
Noroña asegura que la fundación informó de sus
actividades a la nueva directora, Catalina Vásquez, pero jamás obtuvo una
respuesta formal. La cancelación del voluntariado se produjo cuando las mujeres
fueron a presentarse en el despacho de la directora.
La doctora Catalina Vásquez, directora del Hospital Baca
Ortiz, explicó que esto se debe a la instauración de las nuevas políticas del
hospital y asegura que con la externalización ya cuenta con raciones de comida
para los padres y que este universo ya está cubierto. “Hasta que no tenga
seguridad administrativa de lo que yo hago, he pedido un plazo. El voluntariado
tiene que estar dentro de una planificación”, dijo.
“No nos dejan hacer las prácticas, peor
preparar a un paciente, solo dejan que observemos, pese a que estamos
capacitadas”, es el testimonio de Adriana Vera, quien está a pocos meses de
graduarse en el Instituto Tecnológico Superior Bolivariano, en la carrera
Técnica Superior en Enfermería, que fue aprobada por el Conesup (ahora
Senescyt), en el 2008.
La joven de 20 años contó que durante sus
práctica laborales, tanto en el hospital Universitario como en el Hospital
Guayaquil, fue marginada por los doctores debido a que venía de un instituto
tecnológico con una carrera nueva.
Kerly Jiménez, de 19 años, también manifestó
que sufrió lo mismo que su compañera. “Nos decían que nos vayamos a nuestras
casas; nosotras estamos capacitadas para hacer control de signos vitales,
evaluación de pacientes y muchas cosas más”.
Hidalmi García, directora de Investigación del
Instituto, indicó que los estudiantes le comentan que son rechazados en los
hospitales, inclusive no dejan que los pacientes sean atendidos por los técnicos
superiores, sino que dejan a las auxiliares de enfermería.
Manabí es
zona de alta incidencia, pero en Montecristi y Picoazá piden apoyo para
combatir el mal.
En el
Subcentro de Salud de la parroquia Picoazá en Portoviejo (Manabí) solo bastaba
observar a niños, jóvenes y adultos cabizbajos y con los ojos rojos para saber
que la fiebre los estaba consumiendo.
El pasado viernes, José Vera llevó a su hijo de 11 años, pues hace siete días
allí le diagnosticaron temperatura alta. “Pero esa fiebre no se le ha ido, por
eso lo traje para que me le hagan exámenes”, dijo Vera. La enfermera le tomó al
chico la muestra de sangre que será enviada a Portoviejo para analizar si tiene
o no dengue. Por lo pronto le dieron diez pastillas de paracetamol para bajar
la fiebre.
María Rivas también llegó en busca de atención para su hija de 11 años, quien
derramaba lágrimas por el malestar que sentía. El termómetro marcó 39 grados de
temperatura y le dieron el mismo tratamiento con paracetamol, pero si en una
semana seguía con los síntomas habría que tomarle la muestra de sangre y
determinar si es o no dengue clásico.
No es el primer caso en la familia, ya que el jefe del hogar, José Rivas,
también padece dengue hace una semana.
Los pacientes seguían llegando y como decía Aurora Vélez, algunos debían madrugar
para optar por uno de los 20 turnos que se entregan diariamente en este
subcentro que tiene solo dos médicos para atender a cerca de 13 mil habitantes.