
Un informe presentado días atrás por el Observatorio en Salud Reproductiva (OSAR) y la Asociación de Ginecología y Obstetricia de Guatemala señala que, durante 2009, un total de 41.529 niñas de 10 a 18 años de edad se convirtieron en madres y en 2010 la cifra se ubicó en 40.048.
"Para contrarrestar esta situación se requiere asegurar la educación formal, incorporar educación sexual en las escuelas, apoyar a las familias y los adolescentes con espacios de diálogo amigables", señaló la OPS.
La organización advirtió que muchos de estos embarazos "son resultado de abusos sexuales y violencia", por lo que, subrayó, "es de vital importancia empoderar a estas niñas y sus familias en el conocimiento de sus derechos, denunciando" a los violadores y rompiendo el silencio.
"Un embarazo a tan temprana edad es una sentencia de vida a la pobreza", por lo que para evitarlos, además de educación, se requiere fortalecer el sistema judicial para la investigación de los casos y la aplicación de los castigos establecidos en la ley, anotó Balladelli.
Además, añadió, "se necesita formar a los profesionales de la salud de manera que puedan llevar las consultas médicas con los criterios necesarios para las adolescentes embarazadas, incluyendo el apoyo psicológico".
Aunque la legislación local obliga a los centros educativos del país, públicos y privados, a impartir educación sexual a los adolescentes, estos programas aún no se generalizan debido a la oposición de sectores conservadores encabezados por la iglesia católica.





