
Por Alexis Rebolledo Carreño, @el_alexis, Sociólogo, Académico Jefe de la Unidad de Investigación de la Facultad de Educación y Hdes. de la Universidad del Bío-Bío, Chile.
Con sorpresa me he ido enterando que muchas madres buscan alternativas a la lactancia materna para sus bebés. De hecho se estima que más del 60% de las madres abandona la lactancia antes de los 6 meses y que aproximadamente 1,4 millones de niños mueren por falta de leche materna al año. Las razones para la interrupción de la lactancia son variadas, desde las muy atendibles dificultades sanitarias derivadas de cuadros infecciosos, mastitis, etc. hasta las más cuestionables motivaciones estéticas y de disponibilidad de tiempo que algunas reclaman para sí. Sin entrar al juicio valórico de éstos prematuros deseos de interrupción de la lactancia es necesario decir que, para el bebé, esta decisión supone pérdidas significativas de orden alimenticio como emocional. Veamos por qué.
Los resultados obtenidos en recientes estudios proporcionan evidencia clara de que la lactancia materna puede tener una influencia en el desarrollo de habilidades cognitivas en los niños. En promedio, los niños que son amamantados obtienen puntuaciones significativamente más altas en las pruebas de habilidades cognitivas en comparación con los niños que son alimentados con leche de fórmula.
Esto se desprende de análisis publicado en el Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente que, entre otras cosas, señala que la duración de la lactancia repercute en el funcionamiento neuropsicológico en la adolescencia y en la edad adulta. En el estudio denominado “Breastfeeding and child cognitive development: new evidence from a large randomized trial” se concluye que la lactancia materna prolongada y exclusiva mejora la capacidad cognitiva de los niños a la edad de 6,5 años. Es un estudio interesante, sobre todo en atención al amplio tamaño de la muestra a la que se le hizo seguimiento hasta esa edad (n= 13.8889), lo que lo erige como el mayor ensayo aleatorizado que se ha realizado en el ámbito de la lactancia humana. En la misma línea investigativa encontré este paper titulado “Breast is best: human milk is the optimal food for brain development” en el que se presentan los resultados de un meta-análisis. La conclusión dada por los autores es clara y simple “la lactancia materna se asoció con puntuaciones significativamente más altas para el desarrollo cognitivo de lo que era la alimentación con fórmula”. Si piensan que una batería de puntuaciones de desarrollo cognitivo no suponen desempeño habilidoso en ámbitos escolares debo comentarles los resultados de este otro estudio denominado “Breastfeeding and educational achievement at age 5” y que examina la relación entre lactancia y desempeño escolar, concluyendo que una mayor duración de la lactancia materna se asocia positivamente con un mejor rendimiento escolar a los 5 años.
Ahora bien, los beneficios de la lactancia materna no sólo son en la cognición, pues evidentemente representan un enorme aporte nutricional e inmunológico. Además, en una revisión publicada bajo el título “Breastfeeding and Maternal and Infant Health Outcomes in Developed Countries” realizada sobre 9000 resúmenes se encontró que los antecedentes de lactancia materna se asocian con una reducción en el riesgo de otitis media aguda, gastroenteritis, graves infecciones del tracto respiratorio, dermatitis atópica, asma (niños pequeños), obesidad del tipo 1 y 2, diabetes, leucemia infantil, síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), y enterocolitis necrotizante. En la misma publicación se señala que para las mamás también hay mucho beneficio, pues la lactancia se asoció con una reducción en el riesgo de diabetes tipo 2, de cáncer de mama, y cáncer de ovario. Por el contrario, la interrupción temprana de la lactancia o la ausencia total de ésta se asoció con un mayor riesgo de depresión posparto.
Vale decir, que los vínculos entre la lactancia materna y la mayor respuesta a las señales del lactante en las regiones cerebrales están implicadas en la unión madre-hijo y la empatía durante el postparto temprano. Se produce un mayor y mejor “apego”. De hecho, a mayor apego mejor capacidad emocional futura de los bebés.
Termino haciendo un breve comentario. No he querido con este post instalarme desde una cómoda posición de género a dictar cátedra de lo que una mujer debe hacer o no con su cuerpo (ya me han insinuado críticas respecto de carencia de autoridad para pronunciarme sobre el tema por el hecho de no tener tetas), sino que he querido exponer la evidencia acumulada sobre los beneficios de la lactancia materna tanto para los bebés como para las madres. Es evidente el aporte nutricional, congnitivo y socioafectivo que supone este acto, y me ha parecido necesario destacarlo frente a tendencias que, aun cuando pudieran ser (discutiblemente) legítimas, ponen el beneficio personal por sobre el del bebé en la definición de continuidad o suspensión de la lactancia.





